En la calle de atrás

donde sólo llegan rumores

Hora y cinco

El ligero roce de una sonrisa eterna bastó para espantar las polillas nerviosas e inseguras escondidas tras el ombligo. La gran avenida se abría hasta más allá de donde nadie quiso llegar, calles de rosas, tés fríos y calientes, caricias ocultas en la mesa de la entrada… La luna miraba a lo lejos, sorprendida porque de nuevo algo encajaba… y los animales se arrimaron a verlos, en la inmensidad de la noche madrugadora, donde soñaban con viajes y fines de semana. Y la noche pasó, separados por un beso y un bono de tren…. … y tras una hora y cinco… la añoró de nuevo…

3 Comentarios

  1. Ooooohhhh… qué bonitoooo… ;-P

  2. el ligero roce de esa sonrisa lo atrapo para siempre…

    muy lindo

    «la añoro de nuevo»

  3. Oh, oh, oh!!! Tenemos un problemaaaa!!!!

    Se nos está enamorandoooo o ya lo está???

    Un abrazo señor 😉

Los comentarios están cerrados.