El ligero roce de una sonrisa eterna bastó para espantar las polillas nerviosas e inseguras escondidas tras el ombligo. La gran avenida se abría hasta más allá de donde nadie quiso llegar, calles de rosas, tés fríos y calientes, caricias ocultas en la mesa de la entrada… La luna miraba a lo lejos, sorprendida porque de nuevo algo encajaba… y los animales se arrimaron a verlos, en la inmensidad de la noche madrugadora, donde soñaban con viajes y fines de semana. Y la noche pasó, separados por un beso y un bono de tren…. … y tras una hora y cinco… la añoró de nuevo…
14 enero, 2007 at 1:45 pm
Ooooohhhh… qué bonitoooo… ;-P
16 enero, 2007 at 3:28 pm
el ligero roce de esa sonrisa lo atrapo para siempre…
muy lindo
«la añoro de nuevo»
19 enero, 2007 at 1:30 pm
Oh, oh, oh!!! Tenemos un problemaaaa!!!!
Se nos está enamorandoooo o ya lo está???
Un abrazo señor 😉