Yo sufro la enfermedad de los solitarios, me enamoro siempre de la chica del que está a mi lado. Intento siempre arrancar la más bella de las flores y si no lo consigo lloro, hasta verte reír.
Qué triste llevar la enfermedad de los solitarios. Aficionarme al cianuro y al cabaret. Plagiar textos y canciones… y algún recuerdo. Lanzarte besos amargos por doquier.
A veces esta enfermedad de los solitarios, me hace andar sin rumbo al atardecer. Consigue derrumbarme a menos cuarto, para a «en punto» despertarme y volver a caer.
Y pienso que mi enfermedad de los solitarios, tal vez no sea tan mala como me hacen creer. Ya que así entre humo que inunda las calles de la ciudad, distingo a quien no está dispuesto jamás a olvidar.
30 mayo, 2005 at 10:55 am
No, no es grave, porque al menos aún sientes algo, y eso no es muy común en estos tiempos…