Y él, viviendo con las tripas fuera, fluyendo en vida, luchando en el vacío, con el corazón sudando.
Y ella, construyendo proceso, enamorada de la lucha, mordiéndose el labio, buscando en silencio.
Y dijo él “qué bueno que los caminos se crucen, aunque sea en este verano que se acaba”.
Y dijo ella “¿Cómo pude esperarte?, ¿qué nos está pasando?”
Y dijo él “no sé que pasa a mis tripas pero si así sigo acabarán amarradas a las tuyas”.
Y dijo ella “voy en caída libre, frenando con las uñas. No voy a engancharme, ese era el trato”.
Y dijo él “cómo estar sin vos si estamos tan cerca”.
Y dijo ella “cómo pasar diez minutos sin saber de vos”.
Y dijo él “mi mente suicida prepara trampas en forma de ilusión, sólo por joderme”
Y dijo ella “te respeto y lo mejor de la vida será mi deseo para vos”.
Y dijo él “muero al imaginarte por otros caminos, lejos de mi, sin verte”.
Y dijo ella “no puedo ilusionarme si no es con otras mil personas, no me lo permito”
Y dijo él “pero me gustas demasiado, vibro contigo”
Y dijo ella “ídem”
Y desde lo profundo del alma, desde una perspectiva humana (como empiezan las grandes historias y las más puras de las revoluciones), con la piel de gallina (como empiezan los grandes amores y las grandes desgracias), con las lágrimas en los ojos (como pasa en las cosas bonitas), se dijeron “te quiero” antes de dormir…