Vivir no es disfrutar mi camarada,
es poder respirar con cada paso en falso,
que rueden dientes por la mesa y las esquinas,
y las lágrimas empapen la tierra que nos verá muertos.
Lindo es caminar solo y en compañía,
dejarse las arterias en lo que merece la pena,
por las cosas lindas,
por los abrazos eternos,
por las copas a media noche,
por las miradas furtivas,
por los cuentos y poemas,
por las revoluciones,
por tu vida,
por la mía.
Lindo es tu presencia compañero,
tu casa abierta, tu silencio roto, sentirte cerca.
Poder contar contigo en las buenas farras,
y también cuando las ratas muerden los talones.
En tu materialismo, en tu arte, en tu intelecto.
También en la distancia.
Lindo es querer besarte aunque no pueda,
porque estás lejos o yo muy cerca,
porque no quieras, porque no siento,
porque otros hablan, porque solo es sexo,
por los complejos ancestrales.
Lindo es saborear abrazos,
incluso los que se guardan en conserva,
para cuando se crucen las nubes y las horas,
para las primaveras rotas y los corazones que estallan,
para cuando vuelvan las tinieblas.
Lindas son las ilusiones pasajeras,
las que me recuerdan enfermedades cardiorrespiratorias,
las que atraen a fieras y sonrisas eternas,
a mordiscos de una noche,
a migrantes sin rumbos,
a la mejor torta del mundo,
a tatuajes tímidos,
a la mejor historia de amor,
y a la peor de las putas pesadillas.
Lindo es sentirte tan cerca en la distancia de un océano,
o de un cruce de calles.