Podría vivir sin tus palabras, mas las prefiero a los graznidos de los cuervos en la azotea.
Podía vivir sin tus historias, pero me ayudan a sonreir cuando el silencio me come las entrañas y el espíritu.
Podría vivir sin que me leas, aunque lamento que no esperes mis lamentos.
Podría vivir sin ti vos y a solas vivo, pero a veces añoro tus caricias.
Podría vivir y dejar que vivas, pero tal vez espere el momento en que vivir no sea tal tormento, en que nada me lance al vacío, en que no me llene la amargura, en que acepte olvidar lo ya vivido.