No hay jabón para arrancar la soledad incrustrada en los poros de la piel, bajo las uñas y tras las orejas. Sucia y marchita se esconde tras los ojos rojos de la mañana y bajo los pies cansados por el día. La soledad impregna pleura y sentimiento, pulmón izquierdo y riñón derecho, las palmas de las manos y los holgazanes cansados de colgar sin rumbo ni emociones fuertes.
Mi suciedad es del alma y del espíritu; es odio a futuros de aire y contrachapado; es necesidad y es delirio; es condena…
Arrancando el pelo, hiere el costado; llega y difícilmente abandona. Come vísceras y lágrimas de plástico y mermelada. Muerde labios y ciega corazones en la madrugada.
La soledad es abrazo frío y sucio. La soledad es café y punto y aparte. La soledad es libro abandonado en el suelo. La soledad es dolor, borrón y suma y sigue. La soledad es ausencia del «te quiero». La soledad es sonrisa en nuestro invierto. La soledad es volver a cada paso. La soledad es soñar y no ser soñado.