El pasillo de mi casa huele a tí mientas todos se divierten en la casa.
Las velas me dan luz en mis tinieblas, que me cubren en silencio en la mañana.
Los ojos se condenan y sostienen, mil lágrimas de amor, azufre y fuego.
La sonrisa se vuelve rota, amarga y triste, por no haberte dicho que te quiero.

El teléfono inerte se hace el loco, y se burla cruelmente de mi vida.
La salida sólo apunta a la bebida o a caída libre y pura por ventana.
Tus recuerdos son ahora mi cianuro, que me matan sólo por pensar en tí.
Las paredes me parecen infinitas, y se ríen al pensar lo que yo fui.

Nunca más permitiré que me hagan daño, malmentí una mañana sucia y gris.
Nunca jures, me decían los más viejos, tú no sabes lo que esconde el sufrir.
Nunca llores, nunca rías, nunca sientas; nunca des más de lo que’ desees perder
Nunca apuestes, nunca ames, no perdones; nunca así volverás a’ verte caer.

Pues ahora sólo te pido que olvides, que rechaces lo que importa en realidad
Y te invito a esconderte en mi cuarto, a viajar, soñar, reír y recordar.
Tal vez luego nos parezca una locura, intentar reconstruir nuestra canción
Pero sólo al escuchar tú melodía, podré volver a dedicarte otro adiós.