Escondío la esperanza entre las sábanas de su cama y pasó cuatro días en su búsqueda. Se deslizó por las cortinas de color añil tristeza rodando hasta caer de bruces con la mesilla de noche. Escaló el armario que oculta la felicidad para luego saltar al vacío arropada en cojínes azul alegría. Navegó en el mar de su lavabo para entonces bailar al mediodía entre telas de un viejo sillón arrugado.
Y entonces recordó que un día había escondido la esperanza entre lágrimas quebradas de amargura, y bajo el teléfono de pared hayó lo que arrancó de cuajo las raíces que no le dejaban marchar. Y corrió escaleras abajó en busca de un momento de frescor en la mañana. Y encontró a la esperanza sentada en las escaleras de la puerta de atrás.