Las formas de amar son infinitas, como infinitas son las formas de sentirse amado. Lo importante no es la cajita, que puede estar envuelta con un brillante papel de colores o con un sucio papel de estraza… lo importante es lo que oculta, lo que esconde en su interior… El problema comienza cuando no sabemos como abrir esa cajita, que sabemos ciertamente que oculta algo maravilloso, para sacarlo y mostrarlo a los demás…
Entonces, cometemos errores. Mentimos y decimos que no es tan importante lo que esconde nuestro regalo, exageramos diciendo que es tan grande lo que se encuentra dentro que no puede salir, atrapado por las paredes del envoltorio… Forzamos y sacamos solamente una parte, dando falsas formas e impresiones de lo que realmente existe… o incluso, por las prisas de entregarlo a su destinatario, lo rompemos en trocitos…
Lo más importante es ser calmado, con cuidadito, desenvolviendo cada una de las hojas del envoltorio, despacio… y luego entregarlo, intentando no estropearlo… y quien lo recibe debe alegrarse por ello, no pretender tener otro regalo diferente, porque cada uno es el mejor a su manera…
En ocasiones preferiríamos un regalo diferente, uno más grande, o más chico; de una u otra forma o color… pero debemos recordar que nuestro regalo es único, exclusivo para nosotros, y debemos mimarlo, cuidarlo y sobre todo, sentirlo en lo más hondo de nuestro corazón…
«No es que quiera que me quieras como yo te quiero; no es que quieras que yo te quiera como tu me quieres; tal vez es que queramos querernos como nos queríamos antes; tal vez que no queramos querernos como nos queremos; o tal vez que querernos sea algo que quisieramos no querer»