Harto, harto de escuchar a fantoches que juegan a ser dueños del Olimpo.
Harto de quemarme el estómago con palabras necias.
Harto del desprecio de unos cuantos por lo valioso de la justicia.
Harto, harto de las cuchillas que cortan las alas a las palomas de la libertad.
Harto de la muerte, de la vida, de la pobreza de alma y cartera.
Harto de vivir en burbujas de cartón piedra reciclable.
Harto, de opiniones sesgadas, de lenguas cortadas.
Harto de letras de sangre y fuego, de puños cerrados y brazos extendidos.
Harto, harto de intereses ocultos tras las pancartas de la calle mayor.
Harto de hipócritas vestidos con túnica de santo y mano de hierro.
Harto de pasivos, de agresivos, de lágrimas y de alergias de verano.
Harto de artistas, puños de prepotencia autodenominada.
Harto, harto de callar, de tragar, de ser pisoteado.
Harto de mí, y de tí, y de seguir separados pero no revueltos.
Harto, de morir cada día al despertarme, y resucitar cada noche al acostar.