Dos cuerpos. Uno abrazado al otro, un único cuerpo en una desigual dualidad. Uno es el peso que otro debe cargar pero también un punto de anclaje al territorio, a los sueños.
Comienza el cuerpo A, susurrando. El cuerpo B está aferrado a él, sin querer desprenderse…
No somos de nadie. No somos las niñas de papá. No somos los niños de mamá. No somos de nadie. No somos del Estado ni de la Iglesia. No somos del mundo ni de la tierra. No somos energía ni almas en pena. No somos silencio ni voz. No somos esperanza ni futuro. Ni presente. Ni pasado. No somos de nadie. No somos nadie. Sólo somos polvo de estrellas.
El cuerpo B aparece. Odia al cuerpo A, le genera asco por ser parte de su propio cuerpo. El cuerpo A pareciera controlar al B, moviéndolo a su antojo…
Soy territorio de conquista. Soy puta. Soy objeto. Soy dos tetas y una trinchera. Soy la que hace que se te ponga dura cuando solo ves en mí una posibilidad para coger sobre la cama de tus padres, o sobre tu coche nuevo, o sobre las fotos de tu novia o de tu puta madre. Soy un pedazo de carne para que te lo comás, con ají y todo, a punta de mordiscos (o de golpes). Soy territorio de conquista.
El cuerpo A sonríe. Se mueve con soltura como ignorando al cuerpo B. Mira desafiante, tiene poder en el territorio que manosea sin pudor.
Soy la puta madre Teresa de Calcuta. Soy un salva-almas financiado por buenos corazones afligidos por el dolor de los indiecitos como tú. Soy el progreso y el conocimiento. Soy la técnica y el desarrollo.. MI desarrollo. Me cago en tu Buen Vivir y en tu sabiduría ancestral. Soy marco lógico, presupuesto, eficacia y eficiencia. Soy solidario.
El cuerpo B es ágil. Llega a subirse sobre el cuerpo A. Fresco como quien no tiene miedo. Tal vez es idiota.
Soy el futuro. Ni de derechas ni de izquierdas, de puro centro. Moderado, astemio, saludable. Light en todos los sentidos. Descremado, deslactosado, descafeinado. Amante del orden y el concierto. Limpiecito hasta bajo las uñas. Fiestero en la noche, tal vez, pulcro en el día. Anti-piojosos, anti-alborotadores, anti-extremistas, anti-anti-sistemas. Soy una única neurona. Soy la moderación intelectual.
El cuerpo A llora avergonzado. El cuerpo B vuelve a aferrarse a su existencia, como una dualidad imposible de abandonar.
Somos los territorios olvidados. El cuerpo, el desarrollo, la valentía. Somos resultado de la victoria del miedo, de la historia perdida. Somos dolor, desgarro de tripas. Siempre llegamos tarde a la historia.
El cuerpo B grita, llora, patalea… no quiere abandonar este territorio de dolor y tristeza.
Somos esperanza de años nuevos y olor a rancio de los antiguos. Somos fruto de los procesos y las revoluciones, de libertadores. Somos luz, somos destino.. o tal vez… sólo somos polvo de estrellas…