“Espera” es una palabra inmensa,
es mirar al cielo y quedarse hipnotizado,
por la forma de las nubes,
por los rayos del sol,
por las estrellas.

Es sentarse en el sofá y contar minutos,
añorar momentos,
imaginar paisajes.

Es sentir al corazón luchar por salirse del cuerpo,
antes de que aparezcas por la puerta de salida,
antes de que trepes por los pliegos de mi cama,
al mirarte mientras caminamos,
o cuando tardas más de cuatro horas en contestarme.

Puedo “esperarte” de muchas formas,
un ratito en la hamaca,
unos minutos mientras llegas a casa
unas semanas o un mes, antes de vernos,
una vida para compartir juntos.

Puedo “esperar” cambiar lo que no me gusta,
o a que acabe encantándome,
soñar con palabras que nunca llegan,
o gestos antiguos que dejan pasar a sonrisas nuevas.

La “espera” es dura, jode,
es un fuego azuzado por la inseguridad y la ausencia,
por el miedo al dolor,
por los momentos sin saber de vos,
por el fantasma del olvido,
por esta manía mía de vivir revolucionado,
con las tripas fuera.

Pero “esperarte”, mi vida, es un dolor lindo,
como morderse una herida en la boca, que al final cura,
como aguardar la comida de mamá, que siempre es rica,
como contenerme las ganas de vos, tocar el cielo.

Te espero, un rato, unos minutos, semanas…
Te espero…
… lo necesario…
… aunque al final te duermas.