Con estas manías de escribir en las alturas,
en el aislamiento que dan los mares y los metros,
volviendo al lugar donde nada empieza y todo acaba.
Con estos temblores del invierno,
que llega sin llamarlo, sin vergüenza,
que inunda corazones y caminos.
Camino despacito hacia el suicidio,
mar de flores y sonrisa infinita,
tobogán en las tripas y cara de tonto,
tripa llena y corazón contento.