Hay hombres extraños que besan al mundo.
Hay otros distintos que roban mordiscos.
Incluso otros tímidos que ocultan las lágrimas.
Y otros con corazón indomable.
Es esa extrañeza de los hombres raros.
La que les vuelve enamorados del alcohol y la vida.
Por la que nacen domingos en martes sin fin.
Por la que viven torcidos con las tripas fuera.
Fueron breves los días de este hombre extraño.
Consumidos con las prisas de una copa nocturna.
Intensos sin duda, eternos por siempre.
Aliñados con sueños de medianoche.
Discusiones eternas por la izquierda marchita.
Cuentos de amor que nunca triunfaron.
Envidia insana por los sures recorridos.
Taxis de riesgo y camas vacías.
Cachetes rojos y té de menta.
Confesar en exceso y sin rumbo fijo.
Golpear el corazón con historias tristes.
Besos fallidos al amanecer de la mitad del mundo.
Hoy muere ese hombre extraño, con su partida.
Quedarán luciérnagas durmiendo en las ventanas.
Escuchando versos cubanos en las esquinas.
Y sembrarán nostalgia en la madrugada.