Aprender a sufrir no es sencillo cuando te crees en la cima, cuando vives en un juego con normas a tu antojo.
En ocasiones pienso que ya es hora de destruirte, mi querido capital, o tus secuaces se enfrentaran a todo aquello que nunca imaginaron. Ya no se conforman con violar niñas, reclutar muchachos, practicar con viejos o disparar a civiles… Ahora también destruyen granjas, privatizan estanques y se burlan de creencias a modo de cómic…
Y lo más simpático, mi querido capital, es que se extrañan de no ser bien recibidos o de ser expulsados. Creo que tus seguidores han perdido el rumbo, que han enloquecido… Actúe querido capitál, elimínese, destrúyase, desaparezca antes de que sea tarde, porque tal vez entonces ya no haya tiempo para detenerlo todo, mi querido capital.
10 febrero, 2006 at 10:14 am
El problema no son las creencias, ni las ideas, si no cuando estas son manipuladas para imponerse a alguien que se cree un adversario… Ya lo decían HC el nuevo integrismo no reza otro a dios que no sea al color del dinero.