Y cruzó la esquina, buscando la boca de metro de al fondo a la derecha.
Y cruzó la esquina, esperando que le tocara la espalda un «no creías que iba a dejarte marchar».
Y cruzó la esquina, y los celos le mordían los tobillos.
Y cruzó la esquina, y pensó que lo mejor es renunciar.

Y cruzó la esquina, planteó tirarse hacia lo fácil.
Y cruzó la esquina, y las lágrimas ahogaban su ansiedad.
Y cruzó la esquina, las estrellas se apagaron a su paso.
Y cruzó la esquina, y rezó por ya no verla, nunca más.