Y cruzó la esquina, buscando la boca de metro de al fondo a la derecha.
Y cruzó la esquina, esperando que le tocara la espalda un «no creías que iba a dejarte marchar».
Y cruzó la esquina, y los celos le mordían los tobillos.
Y cruzó la esquina, y pensó que lo mejor es renunciar.
Y cruzó la esquina, planteó tirarse hacia lo fácil.
Y cruzó la esquina, y las lágrimas ahogaban su ansiedad.
Y cruzó la esquina, las estrellas se apagaron a su paso.
Y cruzó la esquina, y rezó por ya no verla, nunca más.
10 abril, 2006 at 1:31 pm
Y una parte de él se negó a cruzar la esquina, se negó a no verla nunca más…
Un saludo!
10 abril, 2006 at 7:01 pm
Y, sin embargo, estaba seguro de que nunca debió cruzar aquella esquina…
Tal vez aún estuviese a tiempo de regresar sobre sus pasos…
Un abrazo, amigo.
12 abril, 2006 at 7:04 pm
es curioso, quizás sea que Dios no existe o no me hace mucho caso, pero cada vez que rezo por perder a alguien me lo encuentro al poco tiempo recordándome lo imbécil que he sido…