Hormiguea lasciva la adicción noctura, la que muerde labios y levanta más que tempestades. Tomar tu sonrisa como bandera, en esta lucha atroz contra la tristeza en las mañanas calientes.
Vuela corazón, vuela. Atraviesa tempestad y cordillera.
Cae en la laguna, más allá de la última estrella que ilumina esos ojos.
Bálsamo para las amarguras, perdición rabiosamente deliciosa, yemas ardientes.
Boca que susurra relámpagos, mariposa salvaje.
Y relojes que no coinciden aunque deban.
Y noches que empiezan al amanecer del segundo día.
Refugiarme en vos, como mi trinchera. Como esa necesidad urgente de defender la alegría.
Amarrarme a vos, a nuestro sueño, ese que construimos sin la necesidad tangible de conocernos.
Aterrarme vos, pasos en falso. Mañana incierto, con final feliz y camino tortuoso.
Desearte a vos, magia que duerme, placeres misteriosos a medianoche.
Nadie conoce como acá llegamos. Tal vez fue el destino, tal vez el vicio.
Laberinto peligroso, apuesta ciega.
Maravillas de la vida, locura de tripa rota, ilusión servida.
Corazón sobreviviente, ganas de vivir.