Son esas ratas mordiendo los talones,
cuando te siento ausente,
cuando los kilómetros pesan,
y los días se amplían más allá de las 24 horas.

Son esas hormigas en las tripas,
del cristal invisible que me separa del mundo,
del frío en el verano,
de no saber mis coordenadas,
(ni físicas ni emocionales).

Son esos perros ladrando en la cabeza,
de no elegir entre todas las opciones,
de la soledad que amarra en la trinchera,
de las revoluciones marchitas en inviernos lejanos.
(de añorarte)

Son esas ratas, esas hormigas, esos perros,
que se ahuyentan al pensar en vos,
al perderme en tu sonrisa
(que a veces cuesta arrancar)
que se acobardan ante hechos históricos,
al dormir con la ilusión de que en algún lugar del mundo,
(en una carretera, en una reunión o en una cama transitoria)
sigues pensándome.