Desarmado e indefenso este ejército claudica,
renuncia a ganar esta batalla,
tal vez incluso la guerra.

Abandona la intención de olvidarte,
borrarte,
cortar el vínculo,
decirte “adiós”.

Olvida la posibilidad de venganza,
de devolver ausencia por ausencia,
de exiliar a la ilusión de la trinchera.

Estas tropas hincan la rodilla,
ante un saludo fugaz al mediodía,
tras las horas de espera,
tras la tortura innecesaria.

Soldaditos temblorosos, no hay duda,
de corazón noble y firmes ideales,
pero sin experiencia previa,
en la guerra psicológica.

Desarmado e indefenso este ejercito claudica,
se embarca pronto a los llanos verdes y al calor compartido.
convencidos sin duda, de que serán fusilados a mordiscos.