Arráncame el cuero.
Muérdeme el labio.
Arrójame al fuego inquisitorio
Al vacío de la penumbra incierta.
Extirpa mi alma de silencio
Vuélame el seso.
Tortura con instinto peregrino.
Desmota el mito.
Porque no siento, ni padezco.
Porque soy polvo.
Que se mezcla con tu pelo en la almohada
Salvavidas en penumbras inciertas.
Porque así me engancho, sin evitarlo.
Dejándome llevar por las quebradas
Que arrastran aguas turbias pero cristalinas
Muerte cercana con sabor a deseo.
Porque pasan las horas detrás de las orejas,
Mientras los ratones corroen entrañas marchitas
Que alguna vez se estrellaron en las pareces
Y hoy recogemos con locuras y vidas.